Aprender Salud
Mauricio Dayub: Darle sentido a lo que hacemos
Conversamos con el prestigioso artista acerca de sus trabajos recientes, qué significó el teatro en la pandemia y de qué modo podemos salir mejores.
Gracias a que él mismo acercó un video alentando a la donación voluntaria de sangre (ver acá) decidimos entrevistar a Mauricio Dayub, a quien invitamos a compartir sus perspectivas sobre la pandemia, una etapa que nos afectó profundamente a nivel personal y laboral. Buscando poner en palabras las sensaciones que vivimos, abrimos el telón para disfrutar de esta amena charla.
¿Cómo te encontró la pandemia?
-¡En la cresta de la ola de la temporada marplatense, en esa ebullición, me cortó la pandemia! Ahí arriba, con la tabla en la mano, me quedé surfeando en el aire. Y como no podía compartir con la gente lo que venía haciendo, agarré un cuaderno donde tenía anotado el título de los hechos más fuertes que me había pasado en la vida, lo que me había enseñado alguien, lo que me había movilizado. Los empecé a desarrollar, escribí relatos cortos, de unas dos páginas y les empecé a poner imágenes, voz, los empecé a compartir con mis amigos que estaban en sus casas, encerrados.
¿Fue algo planeado o se fue dando?
-Se fue dando por lo que producían los relatos, se iban enterando por lo que decían en las redes, porque salía en una revista, hasta en la Selecciones salieron! El Chango Spasiuk les puso música, Lito Vitale, dibujó Rep, Graciela Galán mi escenógrafa, gente del medio audiovisual, mucha gente de distinta forma. Fue toda una experiencia personal de elegirlos, mandarles el audio e invitarlos a participar. Y les encantaba, se ponía lindo!
La gente me empezó a pedir más y armé un ciclo que se llamó “Alguien como vos” porque considero que soy alguien como cualquiera, como todos. Y cada relato de esos empezaron a pasarlos por la radio. Con la vuelta a la actividad empecé a contarlos todos los jueves en la Metro y finalmente apareció Random House, que me pidió editarlos en un libro que salió hace unos meses, terminaron siendo más de 40 relatos…
Uno, en lo social, vale por el cargo que ocupa, por el dinero que gana, por el barrio en el que vive, por la ropa que usa. Y en realidad ninguna de esas cosas son esenciales.
Lo que hiciste es algo que una persona también puede hacer, esto de escribir relatos, esto hay estudios que muestran que esto es muy útil para atravesar una crisis personal, un momento difícil, una pandemia…
-Yo había escrito los títulos porque estas cosas, que me fueron pasando a lo largo de mi vida, habían forjado mi personalidad, que yo era así por el hecho que me enseñó ese día. Y compartir ese relato, esa enseñanza con el otro -algunos tienen humor, otros emoción- pero todos dejan claro lo que a mí me enseñó, te hace bien. Y va más allá del hecho artístico.
Nosotros vemos que a la gente le cuesta poner en palabras lo que le pasa, a veces viene con un granito en la mano y eso, que no es nada, es la puerta para algo mucho más grande que está detrás…
-Es que es un entorno que te lleva a esto. Cuando estás enfermo, ¿qué hacés? Mirás la tele o leés el diario, o escuchás la radio. Y toda la información que viene de los medios es terrible, vos te das cuenta cuando alguien no anda bien es cuando el único diálogo que va y viene de parte de él son las noticias, nada personal. Y encima las noticias que si no son límite, no interesan. Son exageraciones, locuras, entonces el término medio, lo que nos da la posibilidad de moderar nuestra vida, de ubicarnos tranquilos y poder estar en paz son cosas que no son tan límite, tan llamativas. Son las cosas de todos los días, compartir el mate cuando se podía, preguntarle cómo se siente, cómo está. Y eso no aparece en ningún lado.
-Venía advirtiendo la indiferencia del mundo, la injusticia de cómo la sociedad margina vidas sin que nadie se ocupe, por esa forma de vivir que nos va bajando, que nadie mide consecuencias. Esta tristeza que te da, a veces, mirar un poco alrededor y no entender. Si pareciera que sería más fácil vivir en un mundo mejor. Si mirás en tu cuadra ya sabés cuáles son los problemas y si te juntás entre varios decís, “los resolvemos”. Y si cada cuadra hace lo mismo, ¿cómo no se puede arreglar?
¿Sentís que hubo un cambio en la obra luego de la pandemia?
-Cuando se abrió el teatro fue un gran cambio, me fui dando cuenta. Encontrarnos con los técnicos, los empleados, cuando todos empezamos a recibir al público… Yo terminé de hacer la función y el público me aplaudía con un agradecimiento que a mí me daban ganas de estirar los brazos y tocarlos en la platea. Me di cuenta que realmente la pandemia había hecho que el teatro se transformara en una necesidad, ya no una salida para divertirse.
Y también fue lindo cómo se adecuaban al protocolo, los argentinos tenemos la fama de ser medios colgados o un poco hippies en cuanto a las normas, sin embargo la gente acataba la distancia, el barbijo, era amable para dejarse tomar la temperatura, para subir espaciados. Cuando terminaba el espectáculo, una acomodadora les pedía que salgan de atrás para adelante, yo estaba en el escenario y veía como salían por filas de la última hasta la primera y pensaba: parecemos ciudadanos suecos (risas) éramos súper correctos.
Salimos, ¿cómo salimos de esto?
-Yo creo que la pandemia nos enseñó que no podemos perder más el tiempo, que no podemos vivir como vivíamos antes. Que lo que vale tiene que valer, que lo que sirve tiene que servir. Y que no podemos hacer como qué, seguir confundidos que la vidita es vida. No, no se puede hacer como qué, acomodados en la incomodidad no vamos a ningún lado.
Y ahora, aunque no hayamos salido del todo, en esta salida a medias, uno tiene que ir al encuentro con un amigo en un café y no perder el tiempo como hacíamos antes diciendo “viste lo que dicen en la tele que tal hizo esto…?” no perder media hora así sino ir directo al motivo por el que se encontró con ese amigo. Salir consciente de que el encuentro produjo lo que tenía que producir en cada uno y los dos nos vamos viviendo la vida, no entrando en el ritmo vertiginoso, la locura que no sabemos quién inventó y que todos tenemos que vivir inconscientemente porque parece que “ahora es así”.
Cuando naturalizamos que está todo bien es porque está todo mal. Y se instaló. Que tenga sentido lo que hacemos, por algo lo hacemos, por algo salimos de casa para hacer algo.
El problema es que esto se hizo regla, decir que estoy a dos cuadras y estoy a 10. Yo eso lo vivo todos los días. Acá viene un tipo que no queremos, que no admiramos y le decimos “Maestro”. Y entonces el tipo no se entera nunca y a nosotros nos hace sentir mejor decirle eso que un simple “hola”. Perdimos la brújula. Aceptamos que uno tiene un chat con la familia y le mandamos un mensaje de feliz cumpleaños, o un corazoncito, un dedito.. Antes hablabas 40 minutos y llegaban a contarte algo.
Yo no entiendo por qué el mundo no para. Así termina El equilibrista: “Un día de estos lo paro yo al mundo y se lo grito a todos. Para que, de una vez por todas, la vida y yo seamos como tenemos que ser.” Porque el mundo sigue avanzando como si no se enterara de lo que nos pasa.
Venía de hacer un éxito muy grande con Toc Toc, 9 años y medio y dije, ahora voy a hacer algo para mí. Y tuve la suerte de coincidir con la necesidad de la gente.
Para cerrar queríamos que nos comentes cómo fue que enviaste un video alentando a la donación de sangre, algo inédito porque en general a las personas prestigiosas, famosas, se las convoca, lo tuyo fue espontáneo…
¡Me pasa seguido! Me pidieron un video de un hospital de La Plata por el día del donante, que les dije que iba a hacer. En el mismo momento, un director que comenzó conmigo en Santa Fe y con él hice mis primeros trabajos, estaba internado en el Italiano. Y como no podía acercarme a donar decidí hacerlo para ayudarlo, pedimos el permiso correspondiente y lo hicimos.
Después de 500 funciones, de que me pidan en todas las provincias, de viajar a Europa, estar en Israel, me di cuenta que nada mejor que escucharse y hacer lo que uno siente.

---
Agradecimiento especial: Micaela Labanca
Entrevista: Equipo editorial Aprender Salud
Fotos: Mariana Campo Lagorio